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Los juguetes que se usaron para propagar la ideología nazi entre los niños de Alemania

El uso de símbolos nazis, incluso en juguetes, estaba regulado por una ley.

Aunque no se les preste tanta atención a la hora de estudiar el Holocausto, los juguetes también formaron parte del engranaje de la poderosa maquinaria de propaganda nazi.

En el tablero está una pequeña ciudad alemana. Hay un mercado y algunas tiendas propiedad de judíos. Los jugadores asumen el papel de policías, navegando por las vías.

Si los dados ruedan de la “forma correcta”, es posible invadir una de esas propiedades, confiscar bienes y arrestar a judíos.

El objetivo es expulsar a la población judía y enviarla a un “Sammellager” (campo de recolección), desde donde serán deportados a Palestina.

Quien “recolecte” seis judíos primero, vence.

Durante el régimen nazi (1933-1945), el macabro juego Juden raus! (¡Fuera judíos!) era solo uno de los muchos juguetes racistas comercializados en Alemania bajo el rótulo de “diversión para la familia”, ayudando a propagar la ideología fascista, incluyendo los crímenes en masa.

Aunque no existen fuentes irrefutables, se estima que se vendieron más de un millón de unidades de Juden raus!

El régimen nazi abrazó los juegos antisemitas, que ya existían desde antes.

Hoy en día, la Wiener Library, en Londres, que cuenta con uno de los mayores archivos para el estudio del Holocausto en el mundo, posee dos de las contadas copias del juego que se conservan.

“Quien lo compró probablemente lo destruyó al final de la Segunda Guerra Mundial, pero es un indicativo de cuán profundamente enraizada estaba la ideología antisemita en la sociedad alemana”, le dijo a BBC News Brasil André Postert, del Instituto Hannah Arendt, en Dresde.

 

Juguetes “educativos”

El historiador estudió los juguetes vendidos en la Alemania nazi en el libro Kinderspiel, Glücksspiel, Kriegsspiel, Große Geschichte in kleinen Dingen 1900-1945 (“Juegos infantiles, juegos de suerte, juegos de guerra: la Gran Historia en pequeñas cosas 1900-1945”), lanzado a finales del año pasado.

“Había muchos juegos con símbolos nazis para niños y adultos. En uno de ellos se movían esvásticas de un campo a otro en un tablero. Cada campo representaba un momento importante en la historia del Partido nazi. Cuando se llega al final, en un campo que representaba el año 1934, el jugador había destruido con éxito la democracia alemana”, cuenta Postert.

En el juego de mesa Sakampf, de sello antisemita, el objetivo era destruir la democracia alemana.

Juguetes con ese perfil, dice el historiador, se publicitaban como educativos. Eso ocurría porque los niños debían conocer el Estado, sus instituciones y al partido nazi desde edad temprana.

Por eso, era común que jugaran con muñecos/as vestidos con uniformes del régimen o de la Juventud Hitleriana.

Incluso la famosa empresa Käthe Kruse fabricó esos juegos.

“Después de 1933, emergió un gran número de juguetes nazis: cartas con rostros de los principales políticos del régimen (Hitler, Goebbels, Göring, etc), soldados, tanques y representaciones de Hitler y su comitiva”, cuenta Postert.

“Uno de los más vendidos era un Mercedes negro con Hitler y su chofer. Se podían comprar miniaturas de casas del Partido Nazi, o la famosa residencia de Hitler, Berghof”.

A medida que la industria alemana se ocupaba cada vez más con la Segunda Guerra Mundial, la demanda de juguetes -por parte de los hijos de los soldados y para los tradicionales mercados navideños- llegó a ser suplida por artículos fabricados por adolescentes o incluso prisioneros en los campos de concentración.

 

Empresarios actuaron por voluntad propia

Un aspecto relevante es que las empresas no fueron forzadas por el régimen de Hitler a fabricar esos juguetes.

Las compañías alemanas, algunas de las principales productoras globales del sector entre los años 1920 y 1930, apostaron por el apetito del mercado por productos politizados, aunque gran parte de los empresarios también apoyaba a los nazis.

Niños y juguetes a menudo lucían los uniformes de la Juventud Hitleriana.

El régimen nazi, con todo, percibía ese movimiento con escepticismo. Existía la preocupación de que el sector crease mala propaganda o causara desagrado, pues muchos productos eran vistos como “no dignos” por los funcionarios.

El problema fue resuelto con la introducción, en 1933, de la Gesetz zum Schutz der nationalen Symbole, una ley que definía un patrón de uso de símbolos del régimen.

Así, los juguetes pasaron a ser examinados antes de llegar al consumidor. Y diversos productos fueron prohibidos y retirados del mercado por no atender a los patrones del régimen.

“Incluso el mismo juego de la esvástica mencionado antes habría casi ciertamente sido prohibido: los jugadores que cayeran en el campo que representaba el golpe fracasado de Hitler en 1923 tenían que retroceder en el juego. Pero a los ojos de los nazis ese golpe fue un acto heroico. Entonces, ¿por qué retroceder?”, afirma Postert.

‘Kaethe-Kruse-Puppe’, un muñeco soldado de la famosa empresa de producción de muñecos realistas y de precios elevados.

El régimen también desaprobaba el Juden raus! por creer que “la cuestión judía” no cabía en un juego y no debía ser trivializada de esa forma.

El tablero no contenía insignias nazis, pero tenía un texto explicativo en tono casual y alegre, correspondiente con la intolerancia a los judíos en aquella época.

 

Máquinas de propaganda

A pesar de no estar detrás de los esfuerzos del sector de los juguetes, el Tercer Reich usaba esos productos como una parte más del engranaje de su poderosa máquina de propaganda.

“Destacados nazis como Goebbels sabían que la industria de juguetes era importante para la propaganda. Él iba públicamente a mercados durante la Navidad y daba regalos a los niños”, cuenta el historiador.

Goebbels entendía bien el valor de los juguetes como propaganda.

Juguetes y libros racistas, como Der Giftpilz (muy usado como panfleto antisemita), ya existían antes de que Hitler se convirtiera en “Führer”, pero el régimen los abrazó sin pudor.

Entre las herramientas de manipulación estaba también el famoso muñeco Kasper, usado en presentaciones de organizaciones partidistas nazis e incluso para entretener a los soldados alemanes.

Al final de los años 30, el Reichsinstitut für Puppenspiel (algo así como el Instituto para el Teatro de Títeres) fue creado para fabricar esos muñecos y producir giras de presentaciones de propaganda.

Entre sus creaciones estaba un títere judío, que simbolizaba todos los clichés antisemitas del régimen, es decir: conspiradores y una amenaza para los arios.

El ‘fantoche judío’ era utilizado en la propaganda de organizaciones partidarias nazis.

En aquel período, muchos creían que jugar tenía alguna relación con una supuesta cultura de raza.

“El investigador Karl Haiding, por ejemplo, viajó por Escandinavia y por países de lengua alemana, especialmente en regiones rurales, antes y durante la Segunda Guerra. En pequeñas aldeas, él y su equipo fotografiaron centenares de niños jugando con juegos tradicionales. Ellos esperaban encontrar un ‘estilo de juego ario'”, afirma Postert.

Aunque no le prestemos mucha atención, explica el historiador, los juguetes forman parte de la cotidianeidad y reflejan la sociedad y la forma en la que pensamos.

Extrañamente, hasta los juguetes y juegos forman parte de la historia del fascismo y del Holocausto.

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